La reputación financiera y el buró de crédito

En el poco predecible entorno financiero que se presenta en el 2017, es importante demostrar velocidad de reacción en los asuntos del patrimonio propio. En caso de que cuente con un ahorro y únicamente lo tengamos guardado, no es conveniente dejarlo así sin más en la tarjeta de crédito o como saldo de la chequera, sino más bien usar esos recursos en inversiones para que por lo menos conserve su poder adquisitivo con relación a las presiones inflacionarias, las cuales se anticipan más altas que el año anterior.

Ahora bien, si no se cuenta con esa capacidad de reacción financiera, entonces es indispensable tener alguna línea de crédito a la mano por si acaso se complica aún más el entorno económico nacional. Para conseguir lo anterior, conviene tener disponible una tarjeta crediticia, la cual no debe ser usada para ninguna otra cosa salvo emergencias. Tener plástico para emergencias solamente implica pagar la anualidad correspondiente a ese instrumento, pero la verdad bien vale la pena, ya que se trata de una opción válida en caso de tener alguna urgencia inesperada.

No obstante, así como los usuarios de servicios financieros están tomando previsiones para encarar el resto del difícil año 2017, los bancos también están preparando estrategias de protección para que los posibles aumentos en las tasas de interés, pueda derivar en negativos efectos en su cartera vencida. De manera que, aun sin hacerlo oficial, las instituciones bancarias están haciendo más estrictos sus criterios para conceder créditos y de allí la necesidad de cuidar al máximo la reputación bancaria propia. Pero, ¿cómo se consigue ese propósito? La clave está en cuidar el buró de crédito, es decir, nuestras referencias en esa base de datos. En otro artículo mencionaremos las principales claves para tener una mejor reputación financiera, cuidando nuestra presencia en el buró de Crédito.


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