Cinco consejos para la gestión de los recursos financieros

Continuamente estamos en busca de novedosas herramientas que nos faciliten una mejor gestión del dinero propio. Para tiempos de complicadas dinámicas financieras, como los actuales, es indispensable llevar a cabo un constante ejercicio de autocrítica, identificando estrategias que nos apoyen para usar de modo más inteligente las finanzas propias y los productos bancarios que tengamos contratados. Siempre hay algo por mejorar en el manejo de la tarjeta de crédito o en los hábitos de ahorro y gasto selectivo que se pretendan adoptar. Lo esencial es optimizar la gestión de los recursos financieros con un sentido previsor y un criterio bien informado.

Lo básico es asumir el desafío de mejorar el manejo del dinero que se tenga habitualmente. No hay que postergar sin necesidad este cambio de hábitos financieros. Es preciso comenzar lo más pronto posible y asumir un riguroso control de los ingresos y egresos que se tienen mes con mes. Dejar que pase el tiempo solo hará que los frutos del ahorro se vuelvan aún más lejanos y que los recursos financieros con los que contamos se agoten con más facilidad de la conveniente. De modo que lo mejor es encarar sin pensar el reto de tener unas finanzas más sanas, aprendiendo a manejar correctamente el plástico crediticio y tratando de gastar menos poco a poco.

Una recomendación que debemos incluir aquí es la siguiente: no hay que gastar cantidades financieras antes de haberlas ganado. Hay que aprender a sostenerse con menos dinero de lo que se percibe mes con mes. Parecería algo contradictorio, pero de ese modo llegará el momento en el que se podrá vivir sin tantas presiones. Hay que encausar con cuidado cada gasto visualizándolo como una inversión, más que un egreso. De lo que se trata es lograr mejorar el nivel de vida propio y de nuestra familia, gastando menos dinero en ello, disminuyendo las deudas que se contraen cotidianamente y tratando de ahorrar lo más posible.

Lo que verdaderamente sucede es que uno se paga a sí mismo un sueldo con relación a lo que uno mismo produce. Por ello, manejar con más precaución las finanzas propias es una manera efectiva de optimizar nuestro nivel de vida y planificar un mejor porvenir. Por el hecho de que el beneficiario primero del trabajo propio es uno mismo, es aconsejable reservar un porcentaje del salario, por ejemplo, un diez por ciento y destinarlo a un fondo de ahorro para usar en caso de emergencias o para guardarlo para el momento del retiro laboral.

Optimizar la gestión de los recursos financieros propios implica pagar en tiempo y forma las deudas que se tengan. Por ello, es preciso reservar un veinte por ciento de los ingresos mensuales que se perciban para solventar los adeudos que se deben atender de manera forzosa. Del resto de los ingresos que se tengan, dejando aparte un diez por ciento para el ahorro, lo demás hay que utilizarlo para los gastos cotidianos de la casa, como, por ejemplo, el pago de servicios como agua, luz o telefonía.


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